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Introducción a mármoles y bronces de Buenos Aires
Este nuevo espacio es el
resultado de una conjunción de dos expresiones artísticas como son la
fotografía y escultura, en especial aquellas obras que pueblan las
plazas y jardines de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otras que
alberguen esculturas en sus espacios públicos.
Ambas expresiones se pudieron
conjugar en este formato digital con intención de que el observador
pueda tomar un contacto mas estrecho con cada pieza artística, paso
previo a su conocimiento, y así acceder al sentimiento que todo
escultor manifiesta ante su obra.
Este recorrido es un exhaustivo
seguimiento a través de la historia de las obras denominadas
históricas que actualmente pueblan la Ciudad Buenos Aires, en el
período que corresponde de 1880 a 1940 aprox.
Mármoles y Bronces es el primer y
único espacio de reconocimiento del patrimonio escultórico en los
espacios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, agrupados por
autores, mármol o bronce, barrio; mas de 700 piezas fotográficas entre
vistas generales, detalles, firma de autor, inscripciones, medidas;
emplazamientos, vistas en planta; historia de las obras, análisis de
las mismas, vida y obra de sus autores, y ubicación geográfica; dan
cuenta de la excelencia de este emprendimiento.
Se reúnen aquí escultores
argentinos, franceses, españoles e italianos, etc. autores todos de
obras de carácter naturalistas, figurativas; dejando para otra
oportunidad obras contemporáneas.
Comprendiendo que la mejor manera
de proteger el patrimonio escultórico es en base del conocimiento en
profundidad del mismo, y de aquellos escultores que con gran esfuerzo
los han creado.
La llegada de las esculturas a
la Ciudad de Buenos Aires.
A comienzos del siglo XX fue
preocupación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la necesidad de
generar un espacio para los habitantes en el que se pudiera gozar de
un sano esparcimiento y, al mismo tiempo, concretar innumerables
encuentros sociales, ésta idea fue tomada de los parques públicos
europeos impuesta a mitad del siglo XIX por el Barón de Haussmann,
acompañado por los diseños de parques con la integración del verde
ideado por Adolphe Alphand; imponiendo un estilo de jardín público
francés único fusionando diseños geométricos franceses e ingleses,
denominados estilos mixtos; los mayores exponentes de éste estilo se
ven reflejados en los magníficos parques, como las de “Tuileries”,
el “Motsouris”, el “Bois de Boulogne” o los jardines de
“Luxemburgo”, por citar solo algunos.
Con éste objetivo es contratado
el ingeniero y paisajista francés Jules Charles Thays, que arriba a
esta ciudad en 1890, convocado para realizar la tarea de la
construcción de un gran parque en la ciudad de Córdoba, Argentina. Así
es que Thays posteriormente y por concurso es designado Director
General de Paseos de la Municipalidad de Buenos Aires por el
Intendente Bollini. Thays autor conjuntamente con su colega André, de
la remodelación del “Bois de Boulogne” de París, fue el mismo
que anterior a su muerte en 1934, diseñara la Plaza del Congreso, la
Plaza de Mayo, el entorno de la Casa de Gobierno y la Recoleta.
Reconocido como genuino paisajista y visionario fue quién brindó a la
Ciudad de Buenos Aires un reconocimiento distintivo, junto con una
atractiva fisonomía que se extiende hasta nuestros días.
Nuevos espacios verdes, lagos,
avenidas, boulevares y esculturas en su mayoría de escultores
franceses terminan por imponerse sumados a lineamientos españoles que
predominaron por tres siglos en esta ciudad; brindando al habitante
porteño un nuevo modo de sentir Buenos Aires.
En 1903, el concejal Don Ernesto
de La Cárcova apoyó este emprendimiento con la presentación de un
proyecto en el se asignaría: “una suma de dinero anual en el
presupuesto para la compra de obras de arte destinadas a ser colocadas
en plazas y jardines de la Ciudad de Buenos Aires”. Aprobado el
proyecto, se destinó para tal fin la cantidad de treinta mil pesos
moneda nacional “para la adquisición de obras de arte de carácter
decorativo en bronce y mármol destinadas a plazas y paseos del
municipio”.
Los autores del proyecto (a de La
Cárcova se le suma Eduardo Schiafino 1858-1935, artista, crítico,
historiador responsable de la creación de la Sociedad de Estímulo de
Bellas Artes, y director del Museo Nacional de Bellas Artes desde 1895
hasta 1911) estos fueron los encargados de seleccionar e importar las
obras.
Las primeras obras en llegar
fueron: “El Pensador”, adquirido en 15 mil pesos por Schiafino,
“Los primeros fríos”, “Sagunto” y, “La duda”,
esta última adquirida por el Dr. Manuel G. Güiraldes.
Con amplio criterio al tiempo es
creado el “Jardín Botánico” inaugurado el 7 de septiembre de
1898; espacio donde albergaran cerca de diez mil especies entre de
plantas y árboles autóctonos de nuestra región, senderos de geométrico
diseño, estanques, con un jardín de invierno como lugar de estudio y
una construcción edilicia imitación de pequeño castillo lugar que
sirviera de hospedaje del arquitecto Thays; de igual motivo fue la
planificación del “Parque Tres de Febrero” y, su “Rosedal”
creado hacia el “Centenario” de la Revolución de Mayo,
planificado anteriormente por Domingo F. Sarmiento, idea que no fue de
real belleza hasta la llegada de Thays.
El parque Tres de Febrero fue
ideado como punto de reunión obligado de la elite porteña, lugar donde
el atractivo de composición paisajística se entremezclan con estilos
arquitectónicos y expresivos componentes como decoraciones florales,
esculturas, fuentes, lagunas artificiales, senderos, etc. conformando
conjuntamente con el “jardín Zoológico” de la Ciudad de Buenos
Aires el paseo obligado de intercambio social y esparcimiento para el
habitante porteño.
Poco tiempo después y, dada la
predisposición de los mismos hacia el uso de estos espacios verdes, y
conjuntamente con el crecimiento demográfico de la ciudad acompañado
de construcciones edilicias de refinado estilo francés combinados de
complejas técnicas constructivas estos nuevos aires, sumados a los
pedidos por encargo de obras monumentales homenajeando a héroes
nacionales; período denominado “Belle Epoque” fruto de una “transculturación
y globalización” correspondiente a un período culminante de
liberalismo; Buenos Aires, se ve influenciado positivamente por
Francia no solo en su estilo arquitectónico y artístico sino también
en el campo de las ideas. Intención que se ve reflejada en el etapa de
gobernación de Bernardino Rivadavia, primer Presidente de la Nación
Argentina, responsable de la fundación de instituciones hasta hoy
vigentes como la Universidad de Buenos Aires (U.B.A), etc. del mismo
modo se puede ver representadas iconográficamente símbolos de esta
cultura francesa en el Escudo Nacional, como el gorro frigio y la pica
o la alegórica figura de la Libertad en relación de la figura de la
República.
Este síntoma se enfatiza desde
1880, la clase alta gobernante y burguesa intenta adoptar por todos
los medios la forma de vida parisina desde su cultura, lengua,
literatura hasta ideas políticas sociales y filosóficas.
En breve tiempo después nuevos
componentes fueron dando gran valor patrimonial e identidad nacional;
la ciudad de Buenos Aires con su nuevo trazado fue poblándose de
plazas, Carlos Thays llamado popularmente “El creador de la sombra
en Buenos Aires” acertadamente planta cerca de 2 millones de
árboles de distintas variedades entre ellos Lapachos, Jacarandaes,
Ceibos, Tipas, Tilos, Eucaliptos, etc. traídas de sus viajes por
distintas regiones argentinas; en este nuevo trazado urbanístico la
ciudad va adquiriendo nuevos aires y en ellas obras de escultores
argentinos, en una etapa conocida como: “estatuomanía” así
denominada por Maurice Agulhon 1, caracterizada por el erección masiva
de estatuaria, ornatos públicos de carácter político e ideológico a
manos de artistas nacionales influenciados por escuelas europeas,
nombres como: José Fioravanti, Alberto Lagos, Lola Mora y Emilio
Andina, por citar solo algunos, ganadores todos en su mayoría de
salones nacionales; fueron los que se capacitaron con grandes
maestros, transmitiendo posteriormente sus conocimientos y
experiencias en aulas y talleres de arte, mayormente en silencio y con
la indiferencia del público en la mayoría de los casos.
La presencia de estas obras
escultóricas y la firma de sus realizadores tanto europeos como
argentinos, erigidos en plazas y jardines entre los años 1850 y 1940
son los que reflejan un período de mayor expansión artístico y
patrimonial a la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
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