|
De que hablamos cuando decimos escultura?
Estamos tan habituados a experimentar la tridimensión dado que es nuestro medio habitual, que para expresarla
artísticamente, debe realizar el creador una suerte de estrategia
plástica. Para que una forma nos atraiga habrá un acercamiento primero
o total, para luego de superada esa instancia seguir reteniéndonos por
los elementos de acercamiento segundo o de riqueza interna y así
sucesivamente, hasta alcanzar nuevamente el primer acercamiento. Y,
como en círculos infinitos, renovar el placer visual al descubrir
elementos compositivos, no advertidos al principio.
El artista un ser expectante que calibra sus sentimientos y
por momentos se siente un violador de normas y acto seguido le acometen dudas
tremendas que lo inmovilizan totalmente. Esta dualidad casi inevitable es con la
que deberá convivir hasta el momento en que la gestación se produce, derribando
las barreras de los convecionalismos. Pero para poder hacerlo, tendrá las
informaciones perceptivas a disposición que usará o no en el preciso instante
creativo.
Velocidad de Lectura e Interpretación
Éste es un factor que si bien no se tiene en cuenta
constituye en sí, el que regula los recorridos visuales sobre una obra y hace
que éstos se efectúen en todos los sentidos, sin alterar la totalidad.
Seremos mas precisos: si se desea la visión total de una
obra, debemos evitar acentuar un elemento de la misma, dado que en ese punto se
produce una reducción de la velocidad, llegando incluso hasta la detención de la
observación.
Un Bloque de Piedra
Ante un bloque de piedra con las medidas programadas
previamente, dadas por un modelo, comprendemos que su “piedricidad” debe ser
respetada. Pero nuestro plan inicial, si bien tuvo en cuenta y muy sentidamente,
ésta su propiedad, cuando nos hallamos frente a la materia, ella muchas veces
nos invita a repensar y resentir lo planificado.
Su textura, color, peso, el aroma que exhala después de ser
mojada, la luz solar, luego la eléctrica, sentir su peso al movilizarla, saberla
parte de una cantera de la que fue desprendida, son factores que consiente o
inconscientemente gravitan en la decisión forma final.
El artista se reconoce intermediario, ante el peso de
tantos factores que no se pueden ponderar anticipadamente en su totalidad. De
allí que la ejecución de una obra, conlleve en sí misma, el carácter limítrofe y
final de todo juego, en el que se apuesta al todo, y cuyos resultados no siempre
son totalmente previsibles. El riesgo que esto importa debe ser asumido en su
totalidad, y es por lo mismo que recomiendo extender el tiempo de la gestación.
Valéri, el poeta, decía:
“UNA OBRA NO SE TERMINA, SE ABANDONA”, con este pensamiento
quiso trasmitirnos la idea de la distancia que debemos tomar con nuestras
propias ideas, para que una actitud crítica y reflexiva, se instale en nosotros
para recuperar así el juego inicial.
Un Bloque de Piedra II
Una piedra nos fascina y alienta con su presencia en bruto,
sus irregularidades e imaginamos luego que podríamos hacer y desarrollar con
ella.
Tomamos conciencia del fervor y entusiasmo que se opera en
nuestro interior, es algo que se mezcla de físico e intelectual, todos nuestros
impulsos se despiertan repentinamente. Llamo a la emoción antes descripta como
un inequívoco sentimiento de expresión escultórica, cargado del placer de la
observación mezcla de lo táctil y lo olfativo, de lo muscular y de la sensación
de ser, en ese instante, primero picapedrero y luego escultor. Se apodera de
nosotros el sacro sentimiento de una misión, del cumplimiento de un sino. En ese
instante no cavilamos en las dificultades de la tarea, tan solo sostiene un
entusiasmo, siempre juvenil, y no importan los años que tengamos, éstos no
juegan aquí.
Ahora viene la dificultad, la mas probada, que es la de
sostener ese entusiasmo a lo largo de todo el proceso de gestación, sin que se
consuma y se enfríe la belleza alcanzada en los primeros instantes. Sabemos que
seguramente, todo buen poeta, será capaz de escribir una estrofa de “La Divina
Comedia” de Dante; lo dificultoso consiste en sostener elevado el espíritu
durante todo el poema y llevar a cabo cerradamente una obra monumental que, del
principio al fin, conserve la llama de la inspiración creativa.
Ante un riesgo desconocido, el verdadero artista se yergue
sobre sí mismo, se carga de profundas dudas y también de fuertes y nutrientes
esperanzas; de la lucha de ambas fuerzas, habrá derrotados y vencedores, pero
con la diferencia de las batallas estériles, donde todos son perdedores, en ésta
las dudas pierden fuerzas y las esperanzas nunca son alcanzadas y satisfechas
totalmente.
Decía Víctor Hugo en su “Leyenda de los siglos”...que:
“un libro es la primera página de otro libro”...
y seguía...
“el árbol, principio de un bosque, es un todo. Pertenece
a la vida aislada por la raíz, y la vida común por la savia. Por sí solo no es
mas que un árbol: pero anuncia un bosque”...
Interpretando estos acertados y bellísimos conceptos nos
hallamos ante la comprensión de que somos parte de un hecho mayor que nosotros
mismos, comprometidos con ese todo y alimentados por un lecho común.
“Los que eligieron la expresión estética como su
manifestación, tienen el compromiso de hacerlo con lo mejor de sí y,
simultáneamente saber, que su visión ejerce a través de su quehacer mucha más
influencia de lo que pueden pensar”.
AROLDO LEWY
nota: Estos textos fueron escritos tras años
de investigación y docencia por el Escultor AROLDO LEWY, quien a permitido el
buen uso de los mismos; extraídos de su libro- objeto “CAMPO COMPOSITIVO CUBICO”.
ESCULTURA Y ESCULTOR
Por: Aroldo Lewi / Escultor/ de su libro Campo Compositivo Cubico/ Buenos
Aires/ 1999.
Respiramos ansiosamente el aire que da vida, como el
elemento primordial.
El espacio, esa denominación de lo extenso e ilimitado,
proporciona el elemento básico del pensamiento y la reflexión tridimensional, el
es en si la clave primera para examinar todos los discursos teóricos acerca de
la escultura.
La escultura nace como una manifestación centrifuga, con el
acento inicial puesto firmemente en el centro. Esta propiedad marca e identifica
la obra de los primeros tiempos históricos y, salvo rarísimas excepciones que no
cambian la idea de la concentración de las formas alrededor de un núcleo,
permanecen inalterables durante todos los tiempos.
Esa forma cerrada fuertemente y conteniendo un nudo
impenetrable, era concebida como una suerte de defensa y resguardo hermético de
lo inmostrable. Este simbolismo que la materia emplea como sostén de su propia
condición es, en la escultura, su refinamiento último, al haber comprendido y
empleado simultáneamente lo matérico y espiritual fundidos en un solo objeto
reverencial, cuya sustancia vuelve a sí misma, constituyéndose en un rodeo
fuertemente asido a la idea que le dio origen.
En estos períodos, la escultura poseía, en sí y para sí,
los misterios mas oscuros e inexplicables, que traducía formalmente con
inventivas libres; a su vez asociadas a sabidurías heredaras desde los pliegues
societarios e históricos más remotos.
Resulta unos de los enigmas no revelados de donde surge en
el hombre su necesidad de manifestase estéticamente.
La escultura proporciona en su manifestación lo corpóreo,
lo táctil, produce un intercambio directo con capacidad erótica que irrumpe en
nuestros sentidos, despertando las mas primitivas y excluyentes vivencias
espirituales.
La escultura reproduce una y otra vez el principio y el
renacer continuo del elemento básico de nuestra percepción, y vuelve al feliz
acuerdo entre nuestro cuerpo y nuestro intelecto.
Nada puede suplantar la experiencia vital e irradiante que
se suscita ante una escultura que reúna lasa condiciones de obra de arte (léase
ejecución que supere los requisitos de la labor artesanal y técnica, y se
manifieste mas allá de un trabajo u oficio). Esta, su condición, tiene un
profundo respeto por las raíces de este arte y aun en las manifestaciones mas
atrevidas de nuestros días se advierte en ellas, inmediatamente, el inocultable
nudo primero y emisor que le dio impulso inicial. Esto ocurre por las leyes
ineludibles del peso gravitacional, del espacio devorador de las formas, del
recorrido en todas sus configuraciones, del entorno, de las escales, de los
puntos de visión, del material empleado y de su técnica.
De allí seguramente viene la hermandad establecida en
secreto entre escultores, mas allá de la rencillas y desacuerdos lógicos. Esta
hermandad surge del conocimiento de las dificultades que ellos tiene que superar
constantemente en su expresión.
Se adquiere asimismo, muy penosamente, el sentido de
profundidad, de la dinámica de las formas en su recorrido y su condición
espacial pura si “pictorisismos” ni simulaciones volumétricas.
Tiene la escultura reglas plásticas en donde el juego de
los planos con que se expresa una forma, responde a una unidad autocreada tan
solo ajustándose a esas leyes emergentes y que tienen relación con la escultura
de todos los tiempos.
Se apreciara que en ningún momento, hago referencia a
maestro alguno de la historia o del presente, dado que me considero que este
ensayo esta dirigido a la apreciación dl campo tridimensional desde un punto de
mira genérico. Y seria desvirtuar mi cometido, destacar a maestros, que ya se ha
hecho y magníficamente por especialistas en este campo.
- Escribí hace un tiempo:
“que toda expresión artística se resuelve finalmente en
su limite; en la piel de la materia que soporta, y es ésta la que entra en
contacto con nuestra sensibilidad”.
Aroldo Lewi.
|